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Eligio Jaquez y su apoyo a Carolina Mejía

EL ZORRO VUELVE AL TABLERO POLÍTICO





En política hay hombres que no necesitan levantar la voz para hacerse sentir. Son aquellos que conocen el terreno, observan los movimientos, saben cuándo avanzar y, sobre todo, cuándo esperar. A esos políticos experimentados solemos llamarlos, con cierta admiración, “zorros políticos”. Eligio Jáquez pertenece a esa categoría.

Jáquez tiene una característica que no se aprende en los libros: conoce la política desde adentro. Su trayectoria junto a Hipólito Mejía, su paso por la administración pública y su experiencia como estratega y jefe de campaña le han permitido conocer el funcionamiento de las estructuras políticas, el territorio, las relaciones humanas y, algo fundamental, el valor de la lealtad. En 2004, por ejemplo, encabezó la campaña presidencial de Hipólito Mejía y planteó estrategias que incluían contacto directo con la ciudadanía y con distintos sectores del país y del exterior. (Hoy⁠)

Por eso, su incorporación al proyecto de Carolina Mejía merece ser observada más allá de una simple fotografía política. Un zorro político no llega solamente con un nombre; llega con memoria, relaciones, experiencia y capacidad para leer los diferentes escenarios. Y el propio Jáquez ha explicado que su regreso a la actividad política no procura una posición, sino aportar su experiencia y voluntad de servicio. (Diario Libre⁠)

Desde mi humilde posición de ciudadano, abogado y gestor cultural, observo estos movimientos sin aspirar a cargos ni prebendas. Me interesa la política como fenómeno social y como instrumento de transformación nacional. Por eso me permito hacer esta reflexión: la política también necesita memoria, experiencia y capacidad para escuchar. Los nuevos liderazgos pueden beneficiarse del diálogo con quienes han vivido diferentes etapas de nuestra historia política.

Quizás esa sea una de las lecciones que deja la llegada de Eligio Jáquez: en política, como en la vida, la experiencia no necesariamente pertenece al pasado; puede convertirse en una herramienta para interpretar el presente. Y cuando un viejo zorro vuelve al bosque político, vale la pena observar sus movimientos antes de sacar conclusiones.

Lic Andrés Mejía Yepez 


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